
Última actualización: 06/03/2010
"Un libro es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora..."
Proverbio hindú
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El punto de partida de esta compilación es la complejidad que se advierte al observar las maneras en que la psicología y otras disciplinas afines se han planteado responder a una pregunta que, aparentemente, podría parecer muy simple: ¿dónde reside la agencia o la capacidad de actuar? Desde algún criterio humanista, bien sea filosófico o biológico, a algunos les parecerá casi “de sentido común” que solamente los seres humanos son capaces de actuar. Otros, basándose en otra versión de lo biológico, añadirán que los animales, en tanto no son máquinas, también pueden ser capaces de hacerlo, ya sea restringiendo el privilegio a ciertas clases (como los mamíferos) o extendiéndolo a todos los seres vivos sin excepción. Pero es probable que pocos lectores repriman un gesto de extrañeza ante la idea de que las cosas o las máquinas puedan ser, en algún sentido no metafórico, agentes.
La psicología, entendida como ciencia de la subjetividad, se ha visto sometida a diferentes tensiones (relacionadas con otras disciplinas como la biología, la antropología, la sociología o la filosofía) a propósito de las cuales se invocan argumentos que problematizarían esas atribuciones de la capacidad de actuar a unas u otras entidades. Por ejemplo, algunos atribuyen al lenguaje, los signos o la cultura el origen de dicha capacidad. Otros, desde una acepción no reduccionista de lo biológico, siguen pensando que la capacidad de actuar remite a condiciones orgánicas. Por otro lado, algunas perspectivas abogan por una aproximación relacional o ecológica al problema de la agencia, desde la cual ésta sería el resultado de una cooperación entre seres vivos y objetos.
En esta compilación intentamos ofrecer una cartografía de ese accidentado territorio, relativamente minoritario. El lector encontrará ejemplos de diferentes puntos de vista acerca de dónde reside la acción. A todos ellos los atraviesa una tensión entre aquellos que situarían la agencia en un lugar definido (p.ej., el organismo, el discurso, los artefactos) y aquellos que la piensan como algo distribuido y compartido por diferentes entidades en cooperación. Sin embargo, hay una cierta unidad en las contribuciones al libro. La mayoría de ellas, quizá todas, podrían englobarse bajo la etiqueta de “constructivismo”, en tanto que defienden una concepción no reduccionista de lo biológico, lo psicológico, lo social, lo artefactual o lo objetual. Esta etiqueta sería muy útil si no fuera porque posee connotaciones tan dispares que su unidad le viene dada en negativo, por su enfrentamiento a un enemigo común que, no obstante, en ocasiones es igualmente difícil de definir: el compuesto por los diversos dualismos, mecanicismos, conductismos, mentalismos y perspectivas representacionales que siguen apareciendo a ojos de muchos como la única forma posible de hacer ciencia sobre la subjetividad.
A lo largo de los años se han realizado numerosos estudios sobre la mente, su origen y evolución, con el fin de entenderla cada vez más, pero no deja de ser un tema bastante extenso, difícil de cubrir y resolver todas las dudas que se tienen acerca de éste. Parte [...]
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